Habitar lo que se desborda: sobre la escritura de Tanque de tormentas

Esther Mañoso

Por Esther Mañoso

Escribir Tanque de tormentas fue dar escucha a algo que gritó tan fuerte dentro de mí que ya no pude ignorarlo. Durante mucho tiempo no pensé en un libro, escribía por necesidad, por placer, porque es una forma de ordenar lo que hace eco en mi cabeza. A lo largo de bastantes años he ido viviendo tormentas –algunas pasajeras, como las tormentas de verano, otras, terribles temporales que se instalaron como un tren de borrascas en mi vida– pero siempre había algo común que me mantenía sujeta a una tabla en la tempestad: la escritura.

El título apareció después, pero cuando llegó, fue con una claridad que no había tenido nada hasta entonces. Un tanque de tormentas es un lugar donde se contienen las intensas lluvias que podrían desbordar el cauce de los ríos; un lugar donde almacenar las aguas más sucias y contaminadas, para darles salida poco a poco hacia las depuradoras. Me reconocí en esa imagen: en la idea de almacenar lo inabarcable, de evitar el colapso, de convivir con una intensidad que no siempre tiene cabida en este mundo. Escribir fue, en ese sentido, una forma de abrir grietas controladas, pequeñas fisuras por donde dejar escapar la presión e ir filtrando poco a poco lo que duele.

Muchos poemas comenzaron como anotaciones sueltas, como una toma aire entre dos momentos difíciles. Otros surgieron en estados de mayor claridad, pero no tenía un plan, un objetivo cerrado o una estructura previa. Solo con el tiempo empecé a ver que entre esos textos dispersos había un hilo común, una corriente compartida que se abría paso.

Tanque de Tormentas

En este tanque se almacenan la ansiedad, el duelo y la raíz, el cuerpo como lugar donde todo queda inscrito, el dolor y la dificultad de nombrarlo; se recogen también los espacios de la naturaleza y la memoria donde todo deja de doler un poco. Y, atravesándolo todo, el cómo seguir habitando este mundo sin endurecerse del todo.

La publicación de este poemario en noviembre de 2025, con la editorial Cuadranta, marcó un momento muy importante para mí. Acostumbrada a una escritura íntima, casi secreta, compartir el libro supuso aceptar que esos textos podían tener otras lecturas, otras vidas. La primera presentación, el 27 de noviembre en la Biblioteca Grupo Cántico de Córdoba, fue una experiencia especialmente significativa. Poner voz a los poemas en un espacio público y rodeada de muchas personas queridas y otras desconocidas para mí, hizo visible algo que hasta entonces había pertenecido casi exclusivamente al ámbito privado.

Ahora, de cara a la próxima presentación el 7 de agosto en Barco de Ávila, vuelvo a sentir algo parecido a ese vértigo inicial. Pero también hay otra conciencia: la de que el libro ya no me pertenece, es como las canciones: seguro que tendrán una lectura para cada persona y cada momento vital. Y quizá ahí reside una de las cosas más valiosas de publicar: permitir que lo escrito encuentre otras resonancias, otras miradas e interpretaciones.

Y es que si algo permanece constante en Tanque de tormentas es la idea de que la herida también puede ser considerada la grieta por la que entra la luz, como decía Leonard Cohen. Yo sigo viviendo la poesía como un espacio de resistencia. Un lugar donde detenerse, donde convertir lo contaminado poco a poco en algo limpio, claro, que nos calme la sed.




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